La compañía EA cambia de manos en una transacción récord valorada en 47.000 millones

La compañía responsable de franquicias icónicas como Los Sims y FIFA dejará de cotizar en la Bolsa y será adquirida por un grupo de inversores encabezado por el fondo soberano de Arabia Saudí, junto a las firmas Silver Lake y Affinity Partners. Con esta operación, la empresa pasará a ser de propiedad privada, marcando un cambio estratégico en su estructura financiera y operativa.

El crecimiento sostenido de la industria de los videojuegos desde la pandemia ha impulsado algunas de las maniobras empresariales más relevantes en el ámbito global. En este contexto, Electronic Arts (EA), el gigante estadounidense conocido por títulos emblemáticos como EA Sports FC (antes FIFA), Battlefield y Los Sims, ha sido protagonista de una nueva jugada estratégica que redefine su futuro corporativo.

Se ha concretado la que ya es considerada la segunda operación más relevante en la historia del sector de los videojuegos, únicamente superada por la adquisición de Activision Blizzard por parte de Microsoft, una compra valorada en 68.700 millones de dólares que, además del elevado coste, supuso numerosos desafíos legales por cuestiones relacionadas con leyes antimonopolio.

Respecto a los posibles cambios dentro de la estructura de liderazgo de Electronic Arts, se ha confirmado que Andrew Wilson, quien ha estado al frente de la compañía durante varios años como CEO, permanecerá en su cargo. Se espera que continúe liderando la empresa una vez finalizado el proceso de compra, previsto para completarse en la primera mitad de 2027.

Este movimiento estratégico sitúa a Arabia Saudí como una figura destacada dentro del panorama global del gaming. EA posee algunas de las franquicias deportivas más influyentes del mercado, como EA Sports FC, Madden NFL y NHL, junto a otras sagas emblemáticas que podrían recibir un nuevo impulso, tales como Los Sims, Battlefield o Need for Speed. Esta operación encaja con otras decisiones recientes del país, como la adquisición de participaciones en compañías como Nintendo o Capcom, así como su creciente implicación en el ecosistema de los eSports. Todo ello ha despertado críticas por parte de organizaciones como Amnistía Internacional, que interpretan estas acciones como una estrategia de lavado de imagen a través del deporte, conocida como sportswashing.

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