El poderoso supertifón Fung-wong azotó con fuerza el archipiélago de Filipinas, dejando un saldo devastador de al menos ocho personas fallecidas y más de un millón de desplazados. Las autoridades declararon el estado de emergencia en varias provincias tras el paso del fenómeno, que provocó inundaciones masivas, deslizamientos de tierra y cortes eléctricos en amplias zonas del país.
Según el Consejo Nacional de Gestión y Reducción de Riesgos de Desastres (NDRRMC), Fung-wong tocó tierra con vientos sostenidos de más de 250 km/h, destruyendo cientos de viviendas y dejando incomunicadas varias comunidades rurales. Las imágenes compartidas en redes sociales muestran calles convertidas en ríos y familias enteras refugiándose en escuelas y centros deportivos.
El presidente Ferdinand Marcos Jr. ha ordenado acelerar los operativos de rescate y distribución de ayuda humanitaria, mientras equipos internacionales ofrecen apoyo logístico. Meteorólogos advirtieron que, aunque el tifón ya se debilitó al salir hacia el Mar de China Meridional, las lluvias intensas y el riesgo de nuevos deslizamientos continuarán en los próximos días.
Las autoridades piden a la población mantenerse alerta y seguir las indicaciones oficiales, mientras el país enfrenta una de las peores catástrofes naturales del año.



