Shai Gilgeous-Alexander brilló como la figura central y fue galardonado con el premio al Jugador Más Valioso de las Finales (Finals MVP) tras registrar 29 puntos y 12 asistencias en el enfrentamiento decisivo por el campeonato. Su actuación no fue una sorpresa, ya que reflejó el nivel sobresaliente que sostuvo a lo largo de toda la serie y de la temporada completa.
El base canadiense ya había sido distinguido previamente con el MVP de la temporada regular, liderando a los Oklahoma City Thunder hacia la cima del Oeste con un impresionante balance de 68 triunfos y solo 14 derrotas, el mejor registro en toda la liga.
El ambiente en el Paycom Center fue electrizante, con una afición entregada que no dejó de alentar. La serie concluyó con un épico séptimo partido, algo que no sucedía desde 2016 en unas finales.
El primer tiempo del encuentro estuvo muy equilibrado, y sorprendentemente, Indiana logró irse al descanso con una mínima ventaja de 42-43. Sin embargo, el golpe anímico llegó temprano, cuando Tyrese Haliburton sufrió una devastadora lesión en el tendón de Aquiles durante el primer cuarto, lo que condicionó severamente al equipo.
Pese a la adversidad, los Pacers intentaron mantenerse competitivos con buenas actuaciones del canadiense Bennedict Mathurin, quien aportó 24 puntos y 13 rebotes, y de Pascal Siakam con 16 tantos. Aun así, el empuje no fue suficiente y Oklahoma impuso su dominio en la segunda mitad para sellar el título.



