Un potente sismo de magnitud 7,6 remeció este lunes la costa occidental de Japón, generando una rápida respuesta de las autoridades locales, que activaron advertencias de tsunami y ordenaron evacuaciones inmediatas en varias prefecturas costeras. El temblor, que se sintió a grandes distancias, provocó momentos de pánico entre la población y dejó a miles de personas desplazándose hacia zonas seguras.
El epicentro se ubicó cerca de la región de Ishikawa, una zona que en los últimos meses ha experimentado un aumento moderado de actividad sísmica. Tras el impacto inicial, la Agencia Meteorológica de Japón advirtió sobre la posibilidad de olas peligrosas que podrían superar los tres metros de altura, por lo que instó a la población a alejarse de las áreas costeras y dirigirse a terrenos elevados.
Las autoridades locales activaron centros de refugio y desplegaron unidades de emergencia para evaluar daños y atender a los ciudadanos. Aunque en las primeras horas no se reportaron cifras oficiales de víctimas, varios edificios sufrieron daños estructurales, se registraron interrupciones de electricidad y algunos servicios de transporte quedaron temporalmente suspendidos.
El primer ministro japonés aseguró que el gobierno se mantiene en “alerta máxima” y que se movilizarán todos los recursos necesarios para garantizar la seguridad de la población. Equipos de rescate ya trabajan en la inspección de zonas afectadas, mientras continúa el monitoreo de posibles réplicas.
El país, conocido por su estricta normativa antisísmica, enfrenta una nueva prueba ante uno de los movimientos telúricos más fuertes del año, mientras los ciudadanos aguardan que las alertas marítimas disminuyan y la situación vuelva a la normalidad.



