Científicos sugieren que el primer beso podría tener orígenes de hace 21 millones de años

Un grupo de investigadores británicos ha presentado una teoría sorprendente que podría cambiar la forma en que entendemos la evolución del comportamiento humano: el acto de besarse podría ser muchísimo más antiguo de lo que se pensaba, remontándose hasta 21 millones de años atrás.

El estudio, desarrollado por especialistas en antropología y biología evolutiva, analiza conductas de antiguas especies de primates y las compara con registros fósiles, hábitos sociales y patrones de afecto que aún se observan en primates actuales. Según los científicos, ciertos comportamientos de contacto oral entre individuos similares a lo que hoy conocemos como un beso pudieron haber surgido como una estrategia evolutiva relacionada con la cooperación, el cuidado de las crías y la selección de pareja.

Los expertos explican que este tipo de contacto pudo haber servido para fortalecer vínculos dentro del grupo, transmitir seguridad y, en muchos casos, evaluar la salud del otro individuo mediante señales químicas presentes en la saliva. “El beso, tal como lo entendemos, puede no haber sido romántico al inicio, pero sí tuvo un papel crucial en la comunicación y el apego social”, señalaron los autores.

Aunque no existen pruebas directas de “besos” en registros fósiles, la comparación con primates modernos como chimpancés y bonobos muestra prácticas similares que refuerzan la hipótesis. Estos hallazgos indican que el gesto podría haber evolucionado mucho antes de la aparición del ser humano.

La revelación ha generado fascinación entre el público y la comunidad científica, pues abre nuevas preguntas sobre cómo surgieron los comportamientos afectivos que hoy consideramos tan humanos. Los investigadores planean continuar profundizando en este campo, convencidos de que aún quedan muchas claves ocultas en la historia evolutiva del cariño.

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