La intensa actividad del volcán Kilauea, en Hawái, volvió a causar estragos este fin de semana luego de que una de las cámaras utilizadas para monitorear el cráter fuera completamente destruida por la fuerza de una nueva erupción repentina.
Según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), la cámara, instalada en un punto estratégico del borde del cráter Halemaʻumaʻu, quedó inutilizada después de que una ráfaga de lava incandescente y gases calientes impactara la estructura que la sostenía. El equipo formaba parte del sistema de vigilancia visual que permite a los científicos evaluar la evolución del volcán en tiempo real.
El evento ocurrió durante una serie de explosiones de baja a moderada intensidad que se registraron en la madrugada del sábado. Aunque el Kilauea se mantiene constantemente activo, los expertos señalaron que este episodio destacó por el súbito aumento de presión interna que provocó el lanzamiento de fragmentos de roca y chorros de lava a varios metros de altura.
A pesar de la pérdida del equipo, las autoridades confirmaron que no hubo heridos, ya que la zona permanece restringida desde una erupción anterior. Sin embargo, el material expulsado cayó cerca de áreas frecuentadas por turistas, lo que motivó a los administradores del Parque Nacional de los Volcanes de Hawái a reforzar los perímetros de seguridad.
El USGS ya trabaja en la instalación de una nueva cámara de alta resistencia para continuar el monitoreo, crucial para prever cambios bruscos en la actividad del volcán y emitir alertas oportunas. La institución recordó que el Kilauea es uno de los volcanes más vigilados del mundo debido a su comportamiento impredecible y su historial de erupciones prolongadas.
Mientras tanto, los residentes cercanos siguen atentos a los informes oficiales, aunque por el momento la actividad no representa una amenaza directa para las comunidades.



